Vivir la música con intensidad

Ya se intuye cuando alguno de nuestros alumnos se pone a tocar y no puede estar quieto. En cuanto la música suena, la gente vibra. Es costumbre en la banda de Moyo que la agrupación la encabece un bastonero, el cual no para de bailar, dure lo que dure el desfile. Se entiende esa intensidad cuando se ve bailar al resto de los participantes en el desfile. En este caso, durante la celebración del 50 aniversario de la escuela de primaria Moyo Town Council, los alumnos de dicha escuela se mueven de manera muy enérgica. Aquí os dejamos un pequeño vídeo en el que lo podéis comprobar.

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Colaboración con Medicus Mundi

Nacwola es una asociación nacional ugandesa para dar apoyo a mujeres afectadas por el SIDA. Su grupo en Arua, al norte del país y a unas tres horas en coche desde Moyo, está recibiendo apoyo y colaboración por parte de Medicus Mundi Navarra. Entre otras actividades, se está desarrollando una campaña de sensibilización centrada en la localidad de Burlada, en la que se están involucrando muchos de sus grupos culturales, tales como la Escuela de Música Hilarión Eslava como la Coral San Blas.

NacwolaEste grupo de mujeres utiliza canciones de creación propia para hablar a la gente sobre su condición, sobre sus temores y alegrías, sobre qué es la vida con un síndrome como este. La idea que Medicus Mundi está desarrollando desde finales del año pasado consiste en tomar alguna de esas canciones y, con la ayuda del compositor Koldo Pastor, hacer un arreglo para que esa canción sea interpretada por los grupos locales. En definitiva, hacer un pequeño vídeo en el que llamar la atención sobre esta complicada realidad.

Aprovechando nuestra presencia en el país, hicimos una primera visita en febrero en la que seleccionamos algunos temas. Koldo Pastor hizo la selección final del material y el fin de semana pasado tocaba realizar una grabación definitiva de la canción escogida. Por nuestra parte, ya que se trata de una iniciativa con un evidente trasfondo musical, estamos trabajando para poder tocar esta sencilla canción y aportar nuestro grano de arena.

Con ellos, no para ellos

Tras dos semanas enfermo de malaria y tres tratamientos que dejaron mi cuerpo poco menos que para el arrastre, escapé una semana a Gulu, al Centro de Animación de las Misioneras Combonianas, donde he podido descansar para volver al trabajo. He tenido ocasión de trabajar en la redacción del proyecto para el año 2015, pero sobre todo he tenido ocasión de mantener largas conversaciones con Mª Teresa Azparren, destinada en Uganda desde hace más de 40 años. Estas conversaciones me han servido para comprender un poco más la sociedad ugandesa.

BandaMª Teresa estaba presente en Moyo en lo peor de la guerra de Obote contra Idi Amin. Escaparon una vez a Sudán y estuvieron a punto de hacerlo una segunda vez. Cuando por fin se calmaron las cosas y la población comenzó a regresar desde sus refugios en Sudán y Congo, asistieron a la total destrucción de las estructuras de Moyo. Sin embargo, según cuenta Mª Teresa, la pérdida de algunos edificios creados por la congregación comboniana no produjo entre la población tanta tristeza y malestar como cabía esperar. La reflexión a la que esta situación llevó a Mª Teresa es la siguiente: hemos estado construyendo cosas para ellos, no con ellos.

La esperanza de la labor que estamos realizando este año en Moyo y que queremos prolongar y ampliar el año que viene es que realmente responda a una necesidad que sus habitantes tienen, no a una necesidad que nosotros hayamos visto. No en vano, la banda de Moyo existe desde hace años y la idea de venir y tratar de mejorar su situación surgió en conversación con su patrón, Luke Anyama. Posteriormente y una vez aquí, hemos podido deterctar otros lugares en los que podríamos tratar de desarrollar proyectos similares, pero con mucha más profundidad y un alcance mucho mayor. Nuestras visitas al Ministerio de Educación y Deportes se deben a las ideas que estamos tratando de poner en marcha y que iremos comunicando conforme tomen forma. La esperanza de este que escribe es la de que su trabajo sea con ellos, no para ellos.

Visita al orfanato de Moyo

El luOrfanato 1gar está construido al estilo de los colegios de Uganda: Se levantan una serie de edificios que dejan un pasillo central que hace las veces de patio de recreo y zona de paso. Aquí el invierno no existe, así que con poco basta para tener un lugar acogedor. A nuestra llegada, una marabunta de niños nos invade, nos cogen de las manos, se sorprenden por nuestro pelo y nos piden continuamente que los levantemos en brazos. Se trata de los niños del nivel 3, con edades entre los 3 y 5 años. Los del nivel 2, sentados todos ellos juntos, reaccionan de muy distintas maneras: algunos lloran, ya que piensan que somos médicos que venimos a vacunarles o simplemente porque les asusta ver una piel tan blanca; otros simplemente nos admiran. Este nivel va desde el año y medio hasta los 3. Y, por últimoOrfanato 2, dentro de las estancias y metidos en sus cunas, están los bebés del nivel 1, que van desde los recién nacidos hasta el año y medio. Aunque no es propiamente un nivel, hasta que no cumplen 3 meses de edad los tienen aparte.

Nos preguntamos por qué no hay hombres en el centro, pero la respuesta es que sí los hay, sólo que se encargan de labores que no afectan directamente en los niños. Vaya, que ellos no cuidan de los niños, pero se encargan de trabajar las tierras de que dispone el centro y cuidan el ganado, etc. Está claro que en la mentalidad de los hombres de Uganda sigue imperando el modelo de tareas de mujer y tareas de hombre. Algunas mujeres del personal nos enseñan los espacios y nos explican cómo organizan a los niños, por ejemplo, para bañarse o ir a hacer sus necesidades. Hay distintas zonas tanto para lavarse como para las necesidades. En conjunto, el lugar está muy apañado, disponen de lo que necesitan y, a falta de buenas ropas, los niños tienen todo lo imprescindible. Incluso hay un pequeño Orfanato 3dispensario para la atención sanitaria más básica. Básicamente, lo esencial lo tienen cubierto, pero, como es natural en un orfanato, todos estos niños y niñas tienen una carencia: afecto. Disfrutan sobremanera viendo caras nuevas. Por suerte, el próximo mes de julio una vecina de la localidad navarra de Sangüesa, Lorena Arbeloa, se dejará caer por aquí y realizará unas actividades con los niños. Además es músico, así que con un poco de suerte podremos tocar alguna que otra canción para los huérfanos.

Subida al Otze

Se trata de una montaña privilegiada, puesto que desde la cima se obtiene una vista espectacular del río Nilo en una zona en la que el cauce se ensancha muchísimo, creando pequeñas islas, y realiza un giro de unos 45º para marcar la separación entre Sudán del Sur y Uganda. Nos aproximamos con el coche hasta la población de Amua, donde dos grandes antenas de telefonía móvil nos sirven de referencia constante. A partir de ahí, se trata de una excursión sin apenas complicaciones de una duración aproximadad de hora y media.

El plan era encontrarnos a las 10:00 en el punto de desvío de la carretera principal, puesto que nosotros veníamos de Moyo pero otro grupo venía de Adjumani, al otro lado del Nilo. El caso es que a causa del ferry el grupo de Adjumani se retrasó una hora. En ese tiempo de espera podíamos escuchar Otze flautael sonido de una flauta sonando por las proximidades. Sonaba muy ágil y el sonido era nítido, como si el instrumento, a pesar de estar en un espacio muy abierto, sonase con mucha fuerza desde la distancia. Nos acercamos y vimos un pequeño grupo de mujeres con unas grandes y tentadoras cestas de mangos, además de un sencillo campesino que alternaba el golpe de azada con el golpe de pulmón, pues era él quien tocaba la flauta. Era una flauta hecha con madera de bambú, de sólo 4 agujeros Le escuchamos tocar, pero también le escuchamos hablar. Nos contó que una vez fue soldado, pero que tuvo un accidente que afecto a sus facultades mentales. A partir de ahí, todo le fue mal. A pesar de tener varios hijos, ninguno está con él. Alguno murió. El mayor, que tenía una casa junto a la suya, hace años que se fue a Sudán del Sur y nunca ha vuelto. Tan sólo quedan las ruinas de la casa. La mujer le fue arrebatada, porque la dote a pagar por cada hijo que concibiera era demasiado alta y no pudo hacerle frente. Y ahí estaba el hombre, sólo con sus cabras y su flauta. Y tocando la flauta lo dejamos, tal como lo encontramos. Eso sí, sonriente y amable.

Salto cultural

Parece ser que los africanos conciben el tiempo de manera distinta. No están acostumbrados a hablar de horas y mucho menos a entender que hay que ser puntuales. El concepto moderno para medir las horas se basa en la salida del sol, que es siempre a las 7:00, ya que estamos muy cerca del ecuador. De esta manera, nombran las horas una por una a partir de ese momento. 7:00 es igual a Hora 1; 8:00 es igual a Hora 2; 9:00 es igual a Hora 3 (za’a alo, za’a eri, za’a na. Za’a deriva de zawa, bocablo swahili que significa reloj). Pero antes de la introducción del tiempo medido, las culturas africanas se guíaban únicamente por los acontecimientos. No existen horas, sino eventos que marcan el ritmo del día, los ciclos lunares o el año. Visto así, hay un momento para pastorear, por la mañana. Este tiempo da paso al tiempo para comer, marcado por la posicion del sol sobre las cabezas. Y a gran escala, los años no tienen un número determinado de días, pues su comienzo queda marcado por fenómenos como el comienzo de las lluvias.

Nuestra primera cita para la clase con los profesores y alumnos de secundaria de nuestra escuela de música era el sábado a las 15:00. No es que no sepan qué significa eso, sino que no entienden que cuando decimos 15:00 nos referimos a una hora concreta y no a un acontecimiento. Dicho de otra manera, que para ellos la clase no empieza a las 15:00, sino cuando la clase efectivamente empieza. No importa cuál sea la duración, ya que la clase simplemente durará lo que dure. Y una vez acabada la clase, empezará el momento para otra cosa. Traducido a un lenguaje práctico, a las 15:00 teníamos 2 alumnos en lugar de 20; un alumno llegó a las 15:55 y no tuvo sensación de tardanza; un par más llegaron pasada la hora. El resto no vino. Parece ser que el primer tema del curso de música se va a llamar de cómo gestionar el tiempo como los occidentales.

Con los alumnos de la escuela de primaria, donde tiene su sede la banda, todo está resultando un poco más fácil, aunque también bastante confuso. Como el colegio de primaria está junto al Centro Multiusos, cuando llega la hora vamos a la puerta del colegio y recogemos a nuestros alumnos. Queremos hacer lecciones individuales, pero resulta casi imposible, puesto que en lugar de venir solos vienen siempre todos los de la tarde… Los que ayer tenían instrumento y hoy lenguaje musical vienen de nuevo a la clase de instrumento. Además, aunque se supone que sus clases acaban a las 16:30, un día aparecen tarde (razón por la que vamos a buscarlos) y al otro aparecen 15 o 20 minutos antes. Por estas razones, el comienzo del curso está siendo un tanto desorganizado.

En definitiva, parece que con los jóvenes sólo vamos a necesitar un poco de organización, la cual vendrá poco a poco con el paso de las semanas; pero con los adultos parece que tendremos que realizar todo un ejercicio de paciencia. Nos corresponde luchar contra todo un estilo de vida.

La nota positiva es que los alumnos parecen tener gran interés. Pueden estar alrededor de ti pululando 5 niños sin articular ni una sola palabra durante la tarde, simplemente observando cómo das clase a otros y a la espera de que llegue su momento, el cual puede perfectamente ser a la tarde siguiente. Cuando se ponen la embocadura de la flauta en la boca no la mueven de ahí hasta que les dices que lo hagan, siguiendo con atención las explicaciones y ejecutando, hasta ahora, con abrumadora facilidad todos los pasos indicados.