Salto cultural

Parece ser que los africanos conciben el tiempo de manera distinta. No están acostumbrados a hablar de horas y mucho menos a entender que hay que ser puntuales. El concepto moderno para medir las horas se basa en la salida del sol, que es siempre a las 7:00, ya que estamos muy cerca del ecuador. De esta manera, nombran las horas una por una a partir de ese momento. 7:00 es igual a Hora 1; 8:00 es igual a Hora 2; 9:00 es igual a Hora 3 (za’a alo, za’a eri, za’a na. Za’a deriva de zawa, bocablo swahili que significa reloj). Pero antes de la introducción del tiempo medido, las culturas africanas se guíaban únicamente por los acontecimientos. No existen horas, sino eventos que marcan el ritmo del día, los ciclos lunares o el año. Visto así, hay un momento para pastorear, por la mañana. Este tiempo da paso al tiempo para comer, marcado por la posicion del sol sobre las cabezas. Y a gran escala, los años no tienen un número determinado de días, pues su comienzo queda marcado por fenómenos como el comienzo de las lluvias.

Nuestra primera cita para la clase con los profesores y alumnos de secundaria de nuestra escuela de música era el sábado a las 15:00. No es que no sepan qué significa eso, sino que no entienden que cuando decimos 15:00 nos referimos a una hora concreta y no a un acontecimiento. Dicho de otra manera, que para ellos la clase no empieza a las 15:00, sino cuando la clase efectivamente empieza. No importa cuál sea la duración, ya que la clase simplemente durará lo que dure. Y una vez acabada la clase, empezará el momento para otra cosa. Traducido a un lenguaje práctico, a las 15:00 teníamos 2 alumnos en lugar de 20; un alumno llegó a las 15:55 y no tuvo sensación de tardanza; un par más llegaron pasada la hora. El resto no vino. Parece ser que el primer tema del curso de música se va a llamar de cómo gestionar el tiempo como los occidentales.

Con los alumnos de la escuela de primaria, donde tiene su sede la banda, todo está resultando un poco más fácil, aunque también bastante confuso. Como el colegio de primaria está junto al Centro Multiusos, cuando llega la hora vamos a la puerta del colegio y recogemos a nuestros alumnos. Queremos hacer lecciones individuales, pero resulta casi imposible, puesto que en lugar de venir solos vienen siempre todos los de la tarde… Los que ayer tenían instrumento y hoy lenguaje musical vienen de nuevo a la clase de instrumento. Además, aunque se supone que sus clases acaban a las 16:30, un día aparecen tarde (razón por la que vamos a buscarlos) y al otro aparecen 15 o 20 minutos antes. Por estas razones, el comienzo del curso está siendo un tanto desorganizado.

En definitiva, parece que con los jóvenes sólo vamos a necesitar un poco de organización, la cual vendrá poco a poco con el paso de las semanas; pero con los adultos parece que tendremos que realizar todo un ejercicio de paciencia. Nos corresponde luchar contra todo un estilo de vida.

La nota positiva es que los alumnos parecen tener gran interés. Pueden estar alrededor de ti pululando 5 niños sin articular ni una sola palabra durante la tarde, simplemente observando cómo das clase a otros y a la espera de que llegue su momento, el cual puede perfectamente ser a la tarde siguiente. Cuando se ponen la embocadura de la flauta en la boca no la mueven de ahí hasta que les dices que lo hagan, siguiendo con atención las explicaciones y ejecutando, hasta ahora, con abrumadora facilidad todos los pasos indicados.

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El origen de VMP

Durante el mes de enero del año 2013 vine por tercera vez a Uganda. Era mi visita más larga, de algo más de un mes. La intención era doble: por un lado, asistir a la graduación de una mujer, Catherine, a la que mis padres habían ayudado a pagarse sus estudios; por otro lado, echar un ojo a la realidad de Moyo y ver qué se podía hacer.

Antes de venir, mi amgio Grace Waigo me dijo que había una banda de música. Lo primero que me pregunté fue: ¿Qué será una banda de música en Uganda? Me encontré con un ambiente familiar para mí: trompetas, tombones, helicón y percusión. Una banda de metales. Así que escribí a Roberto y le conté mi plan. Me dijo que le interesaba. Hablé con Grace sobre las posibilidades y se nos prsentó la idea de crear una escuela de baloncesto, en la que trabajar algunos valores comunes con la música. Pero para mí la idea de la banda era mucho más atractiva. Así que no se habló más.

Después de un año de preparación el proyecto ya se ha puesto en marcha y aquí nos encontramos haciendo lo que buenamente podemos. Sobre todo buenamente, pero sobre todo lo que podemos, ya que nosotros mismos hemos adelantado dinero para ponernos a caminar. Hemos creado una sencilla escuela de música con la excusa de la existencia de la banda y lo que queremos para este año de trabajo es dejar una pequeña huella llena de significado para los ugandeses, plantar una semilla.