Pequeña muestra musical

Os ponemos aquí unos pequeños vídeos subidos a nuestro canal de Youtube en el que podéis ver el trabajo realizado durante el mes de septiembre.

El primero pertenece a los chicos y chicas de Adjumani, que acaban de empezar a trabajar el repertorio de banda. El segundo es el alumnado de Moyo interpretando La Cantina de La guerra de las Galaxias. Finalmente, parte de la Caja de Música preparada por Miguel Ángel Lorente en su paso por nuestro proyecto durante el mes de septiembre.

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Y te escuchas, y te escuchan… (por Miguel Ángel Lorente)

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Miguel Ángel junto con algunos de los alumnos y nuestro profesor Carlos Ortiz del Río, luciendo camisetas y gorras gentileza de Vandoren.

A veces ocurre que en la vida pasan cosas porque tienen que pasar, y en el momento no entiendes qué haces ahí, y como si despertases del embrujo de un hechicero todo cobra sentido.

Una mañana decides no ir al centro del poblado de Adjumani, al norte de Uganda, y montas el saxofón para quedarte tocando debajo de un árbol a pocos metros de donde duermes, y te escuchas y te escuchan…

Piensas que quizá podrías ir a pasear de nuevo por Adjumani, recorrer sus entresijos, sus calles, reír con su gente, decirles “o wi ra a” y “manzora” (hola y gracias en madí), y sacarles unas carcajadas, sentir en tu piel blanca las miradas de sus preciosos ojos negros, sentir su amistad y cercanía, acabar poco a poco con ese miedo de sentirte diferente… pero no, has decidido tocar el saxofón debajo de tu árbol y te preguntas qué

haces ahí… 

Y te escuchas, y te escuchan…

Tras tocar varias veces uno de tus estudios lentos favoritos, ves a lo lejos un grupo de unos cincuenta niños uniformados de un colegio, jugando a la pelota… y de repente te modifican y tu música cambia, y te haces una pizca más libre, más humano, sonríes por dentro y tu música cambia y tú cambias una pizca.

Y te escuchas, y te escuchan…

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Haciendo entrega a una alumna de una de las boquillas gentileza de Selmer

Al poco tiempo, dos de los niños te miran y se quedan a lo lejos de pie, juntos, escuchando a un munru (blanco en madí) debajo de un árbol haciendo sonar un instrumento dorado por el que sopla misteriosamente. Cuando el pequeño grupo llega a tres curiosos miembros, sujeta la pelota el del centro y tras una cómplice mirada se acercan de frente tranquila y decididamente a tu árbol. Sin dejar de tocar, tus nuevos compañeros de viaje deciden sentarse en la hierba delante de ti sin hacer el menor ruido, sujeta la pelota el del centro, abren sus preciosos ojos negros, sus curiosos oídos y su enorme corazón… y de repente te modifican y tu música cambia, y te haces una pizca más generoso, más responsable, sonríes por dentro y tu música cambia y tú cambias una pizca.

Y te escuchas, y te escuchan…

Seguidamente, un grupo de varios compañeros de mis nuevos amigos nos miran desde su posición y realizan el mismo viaje, al que se unen más y más hasta que finalmente todos y cada uno de ellos vienen a reunirse con nosotros en nuestro querido árbol. En unos instantes te ves rodeado de cincuenta niños, abriendo sus preciosos ojos negros, sus curiosos oídos y sus enormes corazones, y de repente te modifican y tu música cambia, y te haces una pizca más curioso, más precioso, sonríes por dentro, y tu música cambia y tú cambias una pizca…

Y te escuchas, y te escuchan…

Al terminar de tocar tu querido estudio lento, todos tus nuevos amigos siguen sentados, callados, expectantes, como esperando un nuevo truco por tu parte, un truco nuevo que saliese de ese extraño instrumento dorado. Uno de tus nuevos amigos te mira fijamente y se decide a decir: “¡es maravilloso!, ¿puedes tocar algo más para nosotros?” 

Y la música se presentó delante de todos nosotros en su máxima expresión, en forma de regalo, de generosidad, en forma de compartir y ser compartido, delante de nuestros preciosos ojos, curiosos oídos y enormes corazones, y de repente nos modifica y la música cambia, se hace una pizca más curiosa, más preciosa y sonríe por dentro, y la música cambia y nosotros cambiamos una pizca.

Y es que a veces ocurre que en la vida pasan cosas porque tienen que pasar, y en el momento no entiendes qué haces ahí, y como si despertases del embrujo de un hechicero todo cobra sentido.

“Ugando” todo al negro

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Fueron dos semanas en mi caso. Ni llega. Pero más que suficientes para tomar consciencia de que, aparte de hacer gala de una suerte de calambur tirando a mediocre, el título del presente encierra una realidad.

Es una de esas experiencias que parece que no vives, sino que te vive. Un ser humano se halla indefenso ante el aluvión de sensaciones desconocidas que repentinamente deglute en tromba y sin previo aviso, y de ahí la posible inversión del orden vivencial.

No me detendré en aspectos como el verdor de su paraje (alejado de la gama de marrones que siempre se tiende a achacar al continente africano), o la manida pobreza material, que no es más que una forma autocomplaciente de definir la ausencia de necesidades creadas, o la ternura que despiertan los niños cuando te saludan inundados de ilusión por el mero hecho de ser munrú (extranjero, blanco), o los desórdenes sociales, verbigracia, el ocasional tratamiento de la prole como medio de producción o trabajo, o las dificultades más que normales de adaptación a un cambio integral de hábitos, o los baches de la calzada en los que puedes hacer rápel. No, prefiero centrarme en aquello que no consta en el imaginario colectivo, aunque adelanto al lector que se trata únicamente de un breve acercamiento escrito, no de un spoiler sensitivo o emocional. O estás allí o, en términos colonialistas, te quedas sin catar la tarta. Dulce, sin duda.

Y metidos en harina, el recién llegado repara esencialmente en el núcleo de la riqueza de un país – más allá de la cantidad de lingotes de oro que alberga un cuarto sótano del banco central, o el alcance de un armamento, o los litros de crudo que almacena un subsuelo, o lo que diablos se invente el sistema económico internacional – : las personas. La sonrisa es prácticamente el leitmotiv del ugandés, y detecté una doble finalidad iluminadora. Literalmente, no hay modo de verles una vez cae la noche salvo que en efecto la dentadura nos indique que hay alguien ahí. Del lado figurado, irradian ese tipo de felicidad pura, sin paliativos y dotada de esa nobleza que de Estrecho para arriba se encuentra en peligro de extinción, con millones de cazadores furtivos buscando rematar el trabajo que algún “iluminado” inició a saber cuándo.

Ahondando en este sentido, no existe el “por el qué dirán” o el “de cara a la galería”. La sinceridad de sus gestos o actos no admite fisuras ni velos. El que suscribe estuvo alojado con miembros de Vura Music Project, los cuales pertenecen a ese selecto grupo formado por buenas personas en todas sus vertientes. Pues bien, no siendo técnicamente un voluntario de Solidarios con Arua – Arua Elkartasuna, ONG promotora del proyecto, tanto ésta (dándome asimismo la posibilidad de participar funcionalmente en sus actividades con los alumnos) como los lugareños que tuve la fortuna de conocer no escatimaron en esfuerzos para hacerme sentir uno más. Sin esperar nada a cambio. Sin más.

En síntesis, la experiencia se traduce tanto en cooperación, formación y transmisión de valores, como en autocrecimiento y autodescubrimiento. La labor de la que fui testigo y parte mejora a las personas, y tú mejoras como persona, sencillamente. Y la impartición de música como hilo conductor es más que acertada, providencial. Todos ganan, nadie pierde.

África enamora, por Marta Alcover

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Quien me conoce sabe que soy de pocas palabras, incluso más bien de estar en silencio. Por mucho que explique mi vivencia sobre cualquier experiencia vivida, no deja de ser eso, mi vivencia, la mía, la que ha sentido mi corazón y la que ha procesado mi mente a través de mis ojos y mis sentidos. Las palabras, muchas veces, no alcanzan a explicar el significado de esas aventuras.

¡Y vaya experiencia la que he vivido…! Sin duda, ésta ha sido la más bonita y especial con diferencia. Ya lo presentí en el tercer y último avión que cogí para llegar a Uganda. En ese vuelo, tuve cerca de mí a ellos y ellas. A la gente de África. No podría haber imaginado mejores sensaciones como viajera. Estaba empezando a sentir África… y prometía: Inmensa, Especial, Genuina, Todo corazón. Los hombres, mujeres, niños y niñas que iban entrando y buscando su asiento, me enamoraron. En ese momento, sentí su vibración. Allí sentí el Amor. Un amor puro, enorme, noble, limpio,…un amor con ritmo. Sí, vivo , pleno, latente. Así llegué, oliendo Amor por todas las esquinas. Y así he vuelto, llena de Amor. Rebosante de Amor.

Desde el primer día, dentro del tráfico estresante de Kampala, recorriendo sus calles en boda-boda (mototaxi muy extendido en toda Uganda), ya aprendí que debía dejarme llevar, sin miedo, confiando en el conductor… Automáticamente, mi cuerpo se relajó de tal manera que disfruté como una niña de esa excitante experiencia. Y a partir de ese momento, seguí todos los que vinieron así, con esta idea: fluyendo. Observando, en silencio pero a la vez comunicando. Me bastó el contacto visual, el apretón de manos de cada día y las sonrisas tímidas, para sentirme mejor que en mi casa.

Pero no sólo eso. También entendí, a mi forma de ver, observando sus cuerpos, sus movimientos, su expresión… que son la raíz, el origen de la humanidad. La vida, el Amor, nace allí. Lo vi muy claro.

Ganas, entusiasmo, empeño, insistencia, constancia, creatividad, libertad… son algunas de las muchas cualidades que he podido apreciar en los alumnos/as.

Repetían sin cansancio las veces necesarias para aprender unos pocos compases. Repetían sin cansancio el do grave hasta, ¡que por fin!, sonó.

Repetían sin cansancio la síncopa para lograr darle el toque rítmico a esa canción.

Y Además, daban rienda suelta a su creatividad. Esto acabó por cautivarme. Pude escuchar canciones compuestas por ellos mismos. Melodía y letra. Y no sólo eso, sino también grabación y edición. Para acabar rematando con un videoclip. Me enamoró ver y sentir sus improvisaciones con la base de un piano (cuyo instrumento no se enseña pero aún así le sacan el rendimiento de manera autodidacta).

Así estaban, jugando con la música, evolucionando, madurando, liberando su espíritu, potenciando sus capacidades creativas y todo esto, juntos. De ahí que, el compartir con los demás, sea algo tan cotidiano y normal. Así es, todos son brothers y sisters. Hay un lazo entre ellos de hermandad, de respeto y de cariño. Han crecido juntos, en la calle. Han aprendido a respetarse y quererse y, sobre todo, a mantener limpio ese vínculo, que aún sin ser de sangre, es fuerte y leal. Todos son familia. Y el ritmo y la música son la sangre que los une.

¿Y qué es todo esto sino Amor?

Ya lo oí decir una vez …. “África enamora!”.

Y de qué manera.

Paso al frente

VMP03452La tradición social Ma’di es eminentemente colectiva. Buena prueba de ello son los múltiples tipos de asambleas que acostumbraban a realizarse, algunas de ellas totalmente cotidianas y relacionadas con el día a día, otras de ellas vinculadas a eventos más puntuales. Tenemos el Langeti (reunión diaria para cenar, en la que se transmiten conocimientos, se resuelven disputas familiares o a nivel de aldea, se cuentan historias, etc.), Gony ga y Ta ti si (relacionadas con las expediciones de caza), Ija wuuka (recolección comunal de madera para fuego), Oya (trabajos de campo realizados de manera colectiva) y otros muchos, vinculados a los juegos, a la construcción de casas, la pesca… Aunque las condiciones sociales han cambiado mucho, a pesar de la extrema pérdida de raíces, el no traspaso generacional y el dolor que queda en los corazones de los Ma’di que tanto han perdido por las guerras, esta tendencia a la colaboración, a la cooperación más profunda, todavía está presente en la nueva generación.VMP03677

A pesar de que ninguno de nuestros alumnos ha conocido el Langeti, que sería el más envolvente de su tradición, algo queda en su imaginario social que les anima a trabajar de esa manera. Nuestro proyecto ha querido desde el principio nutrirse de este tipo de actitudes y valores. Por eso, el pilar principal es la Cooperación, entendida como una manera de hacer las cosas en la que todo el mundo tiene que implicarse, aunque cada cual guarde un rol diferente. Es al mismo tiempo un principio rector y un objetivo. Trabajar de manera cooperativa para que entre todos construyamos algo que sea nuestro, que nos pertenezca tanto a ellos como a nosotros.VMP03474

Siempre estuvo en nuestra mente involucrar al alumnado de manera progresiva, haciéndoles asumir cada vez un mayor grado de responsabilidad. Este año hemos dado un paso muy importante en esa dirección. Algunos de los alumnos han pasado a ser profesores de sus respectivos instrumentos. Y están respondiendo muy bien. Cualquier carencia técnica que puedan tener la suplen con una acogida llena de sencillez. Les resulta tan connatural a su cultura transmitir y compartir lo que saben que da la impresión de que llevan años haciéndolo. Nosotros nos sentimos agradecidos y VMP03465contentos, llenos de satisfacción; ellos se sienten elegidos, se sienten recompensados por haberles concedido tal responsabilidad. Siguen necesitando supervisión y de personas que les vayan dando pautas y consejos, pero está claro que durante el año 2017 veremos aumentar notablemente su grado de autonomía.

Hay días buenos y días malos. Hoy es día de celebración para Vura Music Project.

Primeros pasos en 2017

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Hace dos semanas que han comenzado las clases, pero no es hasta ahora cuando parece que las escuelas retoman el ritmo. Con la llegada de los profesores voluntarios, las escuelas de música de Moyo y Adjumani se han puesto en marcha y los instrumentos que hemos traído suenan todos los días de la semana.

Como todo principio siempre guarda algo de complicado, algunas cuestiones como el debido seguimiento del horario de las clases que les ofrecemos, les ha llevado su tiempo cumplirlo. Hay que entender que el tiempo existe, pero en muchos casos no sucede lo mismo con el reloj.

A pesar de esto, ambas sedes hemos sentido una gran alegría tras encontrarnos conVMP03100 los alumnos de cursos pasados tocando por lo menos al nivel en el que se habían quedado antes de regresar a España, y además, queriendo aprender con las mismas ganas con las que los dejamos en diciembre. Es sin duda reconfortante ver que continúan con la misma ilusión y más lo es al escucharles tocar en grupo. Lo están haciendo realmente bien. Pero, lo más importante para Vura Music, es el comprobar que lo hacen con respeto, responsabilidad y que entre ellos, además de compañeros, han encontrado verdaderos amigos.

 

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Ayer mismo, en la sede de Moyo, algunos de los alumnos de trompeta y trombón, han realizado unas pruebas para poder escoger entre ellos a un profesor por especialidad. Los candidatos son parte del proyecto desde el primer día y por ello son una parte fundamental de la escuela.

Nos hemos quedado sorprendidos y muy contentos, ya que no esperábamos respuestas VMP02954tan correctas y claras tanto a la hora de tocar, como de simular el impartir una clase o también en el momento en el que pudieron expresar sus deseos e ideas respecto al futuro de la escuela. Algunos de ellos nos han mostrado un gran respeto hacia el proyecto, otros nos han enseñado lo importante que ha sido insistir en ciertas carencias educativas, y por último, el más pequeño de los candidatos nos ha hecho disfrutar mucho cuando ha tocado para nosotros.

Por otro lado, en la sede de Adjumani, aunque los alumnos son más pequeños y su historia con el instrumento y con las clases de lenguaje musical es mucho más breve, musicalmente están creciendo muy deprisa, lo cual nos hace pensar que muy pronto podremos verles tocar en formación bandística.

¡Hasta pronto!


			

Proyecto educativo Vura

Hace cuestión de tres semanas algunos de nosotros hemos llegado a Uganda para comenzar con los preparativos de este nuevo curso. Aunque no han llegado los demás voluntarios, nos gustaría compartir con vosotros algunas de las buenas noticias que nos envían desde España.

Este año hemos puesto en marcha una programa con algunas escuelas de España, a las que hemos acudido con la intención de que los niños y niñas españoles conozcan a los respectivos de las escuelas de música de nuestro proyecto. Así ha sido, les hemos podido enseñar vídeos, fotografías y además, les hemos querido contar cómo es el ritmo de vida de los futuros músicos ugandeses de Vura Music Project. Pero, como no queríamos que se quedara ahí, seguimos en contacto y qué mejor muestra que los siguientes vídeos.
En uno de ellos podemos ver a los niños y niñas del colegio C.P.I Castro Baxoi de Miño, A Coruña, en el que cantan una canción en acholi, una de las muchas lenguas habladas en Uganda. Muchas gracias a todos, y en especial a vuestros `profesores por acordarse de nosotros y poder compartir esto con nuestros alumnos, en seguida os haremos la devolución de la mejor manera posible.

En el otro vídeo, los protagonistas son los niños de la escuela Lajopi Music School del proyecto. Hemos grabado este vídeo poco después de que ellos mismos hubieran leído una carta escrita por los alumnos y alumnas del colegio San José de Cluny de Santiago de Compostela, A Coruña. Fue un momento muy especial ya que, como se puede ver en el vídeo, los chicos y chicas, aún impresionados, no dejan de decir que quieren conocerlos. Gracias a las profesoras de los alumnos de Santiago, los músicos de Lajopi han cogido los instrumentos con más ilusión si cabe.

 

Lo que ocurre en Moyo mientras no estamos

A fin de cuentas, el proyecto sólo funciona durante algo más de 5 meses al año. Pero ellos viven allí, como es natural, todos los meses del año. Siempre nos pregunta la gente quién está allí mientras nosotros estamos en casa. La respuesta es que no hay nadie, no hay ningún profesor con la capacidad de impartir estas clases de instrumento y mucho menos aún las de lenguaje musical. Sin embargo, la vida sigue y su afán por seguir mejorando les lleva a esto, a seguir practicando, a que los que más saben enseñen a los que menos tiempo llevan. Señoras y señores, esto es Vura Music Project en estado puro.

Gracias a Carol Mayer Lee por hacernos llegar este vídeo.

Volver a Uganda, por Cristina Otero Correa

Dice Orwell que para escribir bien utilices pocas palabras y uses aquellas que más se parezcan a lo que quieres decir. En este caso, os prometo que es muy difícil ser precisa y sobre todo breve, pero lo intentaré. Hace más de cuatro meses que he llegado a España y, de nuevo, empiezo a contar los días para mi vuelta a Uganda. He estado dando clases como profesora de clarinete en la escuela de música de Adjumani, Lajopi Music School, donde continuaré en junio.

Irme a Uganda fue una decisión de las que no piensas; ni siquiera fue un típico ‘este es el momento’, fue un “quiero irme y me voy a ir”. No fue fruto de una idea planeada, sino de una convicción fundamentada en la necesidad de recuperar la sencillez, la humildad y la amabilidad impropios de este sistema occidental, en el que unos se enriquecen a costa del empobrecimiento de los otros. Por todos es sabido que nos hemos deshumanizado, pero yo quería comprobar y sentir por qué creía que estaba en lo cierto.

Llegué a Uganda y me emocioné, me ilusioné, me calmé… Es muy difícil explicar qué significa el mal de África porque, definir algo que no sabes traducir al lenguaje, resulta tremendamente complicado. Siempre que me preguntan qué tal ha ido mi experiencia, yo respondo que Uganda me ha enseñado a vivir; y, sencillamente, por eso vuelvo.

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Y por eso no vuelvo sola. No sólo los niños de la escuela nos han dado demasiadas razones para que tengamos que volver, sino que la gente, el pueblo, la naturaleza, no tiene nada, pero lo tiene todo.

Nos presento con esta fotografía: Aritz, Edurne, Ismael, Salva y yo, en el Lago Victoria, junto a Jinja.

Es conocido que el mundo es de quien más ligera lleva la mochila, y así es. Uganda nos llama para participar con ellos, para compartir con ellos y para colaborar con ellos, y repartir es reducir el peso, sin lugar a dudas. Nuestra labor en aquella escuela de música no es la de dar, sino la de colaborar, porque en ese intercambio nosotros recibimos mucho, muchísimo, tanto como para tener que volver.

Cinco meses largos albergan muchas historias y momentos inolvidables. Recuerdo un día, tan especial como cualquier otro, en el que antes de dormir me senté en el campo para contemplar las estrellas, la verdad es que allí el cielo, y más si es de noche, es toda una obra de arte. Mientras las miraba, además de sentir cómo los mosquitos me pretendían, empecé a darme cuenta de que llevaba unos meses en Uganda, en un pueblo al norte del país, y cada día que me levantaba tenía mil motivos para sonreír a pesar de no tener ni la mitad de lo que una persona de mi edad, en España, cree querer tener. No necesitaba nada que no pudiera darme yo con mis propias manos, o que, con la participación en comunidad, no pudiera conseguir. Me llené por dentro mirando las estrellas, porque sentí que nunca había sido tan feliz como en aquel momento.

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El de la derecha es Grace, él es nuestro responsable en Uganda, quien nos espera con los brazos abiertos. Él es quien nos cuida. Y la blanca, de ojos hinchados soy yo. Esa foto fue la última que me hice allí, en mi casa de Adjumani, el día antes de volver.

Os invito a quienes tengáis dudas, que probéis, que os atreváis a disfrutar de todo aquello del continente del que poco nos han hablado en el colegio. Y que, si lo hacéis, no os sorprendáis cuando la perspectiva cambie, el mundo os crezca y la vida también. Esto es como el amor, quien lo probó lo sabe, así que, ¡adelante!

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Cristina

Nueva convocatoria de voluntarios

Queridos amigos, ha llegado la hora. Estamos ya inmersos en la última fase de preparación de nuestro proyecto, que es la búsqueda de voluntarios. Dado que algunos de los voluntarios del año 2016 van a regresar, en esta ocasión la convocatoria es más corta. Si queréis participar, no dudéis en enviar vuestro curriculum.

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